Todos, en algún momento de la vida y en un instante de confianza ciega, nos atrevemos a hacer algo que nos causaba un gran miedo. ¿Qué nos permitió lograr esa confianza?
Tomemos un ejemplo clásico: lanzarse en paracaídas.
¿Qué hace una persona antes de saltar? Hay dos caminos.
El optimista investiga: pregunta a sus amigos, busca videos, estadísticas, testimonios. Su mente trabaja para encontrar razones que lo convenzan de que es posible, seguro y emocionante.
El pesimista, en cambio, hace preguntas que alimentan su miedo: ¿y si no se abre el paracaídas?, ¿cuántas personas han muerto así?, ¿vale la pena el riesgo?
El optimista construye confianza. El pesimista construye excusas.
Y si al final alguien salta, no es solo por haber investigado. Es porque durante un segundo apaga la mente. Deja de pensar, deja de dudar… y se lanza.
Ese momento de voluntad, de aparente “locura”, es lo que separa a quienes transforman su vida de quienes se quedan atrapados en la mente.
Porque sí: muchas personas muy inteligentes nunca saltan. Y no me refiero solo al paracaídas. Me refiero a amar, emprender, cambiar, decidir.
La inteligencia sin voluntad puede volverse una trampa.
Vemos titulares como “las personas inteligentes no se casan” o “las personas inteligentes tienen menos amigos”.
La verdad detrás de eso es simple: las personas inteligentes suelen tomar menos riesgos.
Piensan demasiado. Calculan demasiado.
Y muchas veces, terminan haciendo… nada.
La voluntad no vive en la inteligencia, vive en ese pequeño instante donde dejamos de pensar y simplemente actuamos.
La dieta que nunca empezaste. El proyecto que no lanzaste. El mensaje que no enviaste. ¿Por qué no lo hiciste?
Porque lo pensaste demasiado.
El miedo no nace de la acción, nace del pensamiento excesivo.
Y si a ese pensamiento le sumas una buena dosis de pesimismo, tienes la fórmula perfecta para el estancamiento.
Hay personas muy brillantes atrapadas en vidas que no eligieron, viviendo realidades que no desean. No porque no puedan cambiarlas, sino porque su mente nunca les permitió dar el salto.
No se trata de vivir sin pensar, ni de actuar sin criterio.
Pero si quieres vivir sin miedo, necesitas aprender a silenciar la mente justo en ese segundo decisivo.
Ese es el verdadero músculo de la transformación.
Sigue mi trabajo y descubre lo que viene con el lanzamiento de mi nuevo libro “Vivir sin miedo”.
Te invito a seguirme en mis nuevas redes sociales y descubrir todas las sorpresas que están por venir.
www.josemarialopez.com.mx/transformacion-personal


